14 obras maestras que encontrarás en FlixOlé, el Netflix español

14 obras maestras que encontrarás en FlixOlé, el Netflix español

Las series y películas originales de las plataformas que han llegado en los últimos años a España (HBO, Netflix o Amazon Prime Video) son parte de nuestras conversaciones diarias, ¿pero qué hay de aquellos que quieren ir un paso más allá y recuperar clásicos y cine menos convencional, la gran asignatura pendiente de las plataformas audiovisuales online? Hasta ahora Filmin fue su gran refugio, pero desde hace unos meses cuentan también con FlixOlé, su respuesta en español.

Aunque también tiene cine europeo y clásico, la gran baza de FlixOlé es su catálogo de cine español, que va desde sus clásicos más conocidos hasta exquisitas rarezas que eran muy difíciles de encontrar. Hemos seleccionado catorce que están ahora mismo disponibles (en esta plataforma, como en otras, algunos títulos son temporales) y son una buena guía para cualquiera que quiera entender nuestra sociedad a través de nuestro cine. El precio: 2,99 euros al mes. O sea, como una caña larga.

Un inmenso José Luis López Vázquez como Adela Castro. ‘Mi querida señorita’ fue pionera en España en tratar la realidad transgénero.

– ‘Mi querida señorita‘, de Jaime de Armiñán (1972)

De qué hablamos: Ni Boys don’t cry ni Un año con trece lunas ni Transamérica: la primera película en acercar la realidad transgénero al público masivo la protagonizó José Luis López Vázquez.

Por qué es una obra maestra. Que en 1972, en la recta final del franquismo, Jaime de Armiñán estrenara una de las películas que mejor y de un modo más comprometido tratan el tema de las amplias y variadas fronteras de la identidad de género es una rareza y una proeza. López Vázquez, a la sazón gran estrella de la comedia gruesa y no tan gruesa, se mete en la piel de Adela Castro, una mujer que, en su madurez, descubre que su sexo biológico es en realidad masculino. A medio camino entre el absurdo y el drama social, la protagonista busca su sitio en una España (y un mundo) que parece no haber previsto ninguno para ella. Es un drama brillante, demoledor y toda una excepción en el cine español y universal.

Fíjate en… El modo en que esta película sorteó la censura. Armiñán decidió llevar el personaje a una situación propia de Ionesco (un hombre que nunca se ha dado cuenta de que lo es) sin aludir claramente a la transexualidad, aunque el trasfondo del tema está claro.

 

Para muchos, ‘Deprisa, deprisa’ es la mejor película del cine quinqui. Su protagonista, José Antonio Valdelomar, falleció de una sobredosis.

– ‘Deprisa, deprisa’, de Carlos Saura (1981)

De qué hablamos. De la cumbre del cine quinqui. Y de Los Chunguitos.

Por qué es una obra maestra. El cine quinqui fue todo un fenómeno social que convirtió a macarras de barrio en estrellas mediáticas, pero también una ventana abierta a una España que no siempre aparece en las visiones nostálgicas de la Transición. De todas las películas de este particular subgénero, la que mejor ha resistido el paso del tiempo es Deprisa, deprisa. Rodada en el barrio madrileño de Villaverde por actores no profesionales, destaca por el naturalismo con que retrata la vida de una pandilla de gamberros a ritmo de Los Chunguitos.

Fíjate en… La escena en que van a armar lío al cerro de Los Ángeles, y en la fotogenia de José Antonio Valdelomar, protagonista y estrella efímera: nunca hizo otra película y falleció de sobredosis en la cárcel en 1992.

‘Los jueves, milagro’, una obra maestra desde el primer fotograma. Al fondo, Pepe Isbert.

– ‘Los jueves, milagro’, de Luis García Berlanga (1957)

De qué hablamos. De crítica social, desarrollismo milagrero y el gran Pepe Isbert.

Por qué es una obra maestra. Berlanga siempre se desenvolvió como pez en el agua en el terreno fronterizo entre la comedia del absurdo y la ternura costumbrista. Los jueves, milagro es una de sus primeras películas y vale su peso en oro desde el primer fotograma. Los vecinos de un pueblo cuyo balneario vive horas bajas deciden inventarse una aparición milagrosa para atraer a las masas devotas del primer franquismo y reactivar el turismo. El elegido para llevar a cabo el fraude es un pobre hombre interpretado por Pepe Isbert, cuyo oficio pasa a consistir en aparecerse transmutado en San Dimas todos los jueves, de forma puntual. Berlanga retoma algunos de los temas de Bienvenido, Míster Marshall (1953) y les añade un toque de cine religioso y sobrenatural.

Fíjate en… Los guiños al cine religioso, muy de moda en aquellos años. Si se piensa en que El séptimo sello, de Ingmar Bergman, se estrenó aquel mismo año, todo encaja.

Escena de ‘Surcos’, lo más parecido al neorrealismo italiano de nuestro cine.

– ‘Surcos’, de José Antonio Nieves Conde (1951)

De qué hablamos. De lo más parecido al neorrealismo italiano que dio el cine español de posguerra.

Por qué es una obra maestra. Nieves Conde fue uno de los cineastas más virtuosos de la posguerra, y también uno de los menos recordados en la posteridad. Los críticos coinciden en señalar que Surcos (1951) es su mejor película y, de paso, una de las obras maestras indiscutibles del cine español. La historia de una familia rural que, como tantas otras, emigra a Madrid en lo más duro de la posguerra es un retrato único de una época y también un ejercicio de neorrealismo castizo que no tiene parangón en su tiempo.

Fíjate en… El retrato del Madrid de los años cuarenta, desde la Estación del Norte (hoy Príncipe Pío) a Lavapiés.

Una escena (de amor) de ‘El buen amor’.

– ‘El buen amor’, de Francisco Regueiro (1963)

De qué hablamos. De Toledo, de nouvelle vague y de Simón Andreu.

Por qué es una obra maestra. Porque es una excepción en el cine de la época, casi un ejercicio de fin de curso en el que su director, Francisco Regueiro, se propuso trasladar a España el universo estético de la nouvelle vague francesa. El buen amor retrata una jornada en la vida de dos adolescentes que deciden irse de tapadillo a pasar el día en Toledo, huyendo de un entorno opresivo que no les permite estar juntos con la intensidad que desean. Lo que se encuentran allí, sin embargo, es una cierta extrañeza, una atmósfera detenida, un conservadurismo plúmbeo y bastante aburrimiento.

Fíjate en… El retrato documental de Toledo, los juegos de cámara entre los mausoleos de la catedral, y el magnífico trabajo de Simón Andreu, un actor extraordinario que aquí era jovencísimo y estaba en estado de gracia.

Ficha promocional para cines de ‘Corona negra’.

– ‘La corona negra’, de Luis Savlasky (1951)

De qué hablamos. De un relato negro escrito por Jean Cocteau, interpretado por María Félix y Vittorio Gassman y con ecos surrealistas propios de Jacques Tourneur.

Por qué es una obra maestra. Porque es una película prácticamente perfecta. La historia de una mujer amnésica tras asesinar a su marido y de sus intentos por recobrar la memoria es un prodigio de cine negro con toques surrealistas que recuerda a Tourneur, a Ulmer y a los grandes cineastas de culto de los años cincuenta. Si a ello le añadimos la presencia de dos fieras escénicas como María Félix y Vittorio Gassman, el resultado es una cinta rara, magnética e incómoda por momentos.

Fíjate en… El montaje y los recursos surrealistas que recuerdan al Orfeo de Cocteau.

El juicio en ‘El crimen de Cuenca’, una película valiente en una época en la que los valientes tenían las de perder.

– ‘El crimen de Cuenca’, de Pilar Miró (1979)

De qué hablamos. De uno de los títulos más polémicos del cine español de la Transición, en el que hablar de la leyenda negra de la Guardia Civil y los abusos de autoridad en la España de principios de siglo seguía siendo tabú.

Por qué es una obra maestra. Porque Pilar Miró, una directora espléndida con una filmografía no siempre impecable, aquí está en su mejor momento y narra la historia con un pulso firme que no desvía la cámara en las secuencias más violentas. La historia de dos pastores detenidos por la Guardia Civil y torturados hasta arrancarles confesión es una evocación impoluta de los fantasmas más oscuros de la España profunda.

Fíjate en… Su esteticismo gore.

Lucía Bosé, maravillosamente ‘kitsch’ en ‘Ceremonia sangrienta’.

– ‘Ceremonia sangrienta’, de Jorge Grau (1973)

De qué hablamos. De un delirio kitsch en el que Lucía Bosé (madre de Miguel Bosé) reinterpreta el mito de la condesa-vampira Elizabeth Von Báthory y deja momentos que son auténtico placer culpable.

Por qué es una obra maestra. Le vergini cavalcano la morte (Las vírgenes cabalgan hacia la muerte) fue el explícito título italiano de esta coproducción, auténtica joya de la serie B universal y obra maestra del llamado fantaterror hispano. Lucía Bosé interpreta a Erzébeth Báthory, heredera de la aristócrata vampira. Como ella, también quiere mantenerse joven a cualquier precio y, como por entonces no se comercializa ni la baba de caracol ni las pastillas de colágeno, prueba con máscaras faciales hechas con sangre de virgen. Más cerca de Dorian Gray que de Drácula.

Fíjate en… Lucía Bosé está espléndida, como siempre, y Espartaco Santoni lamentable (también como siempre). La escena de la alucinación de Erzébeth, es un viaje de LSD del bueno.

Pepe Isbert, otra vez (y van…) sobresaliente en ‘El verdugo’.

– ‘El Verdugo’, de Luis García Berlanga (1963)

De qué hablamos. Si no es el mayor (aunque cerca andará), sí que es, sin discusión, el más divertido alegato contra la pena de muerte jamás filmado.

Por qué es una obra maestra. Segunda colaboración entre Berlanga (director) y Azcona (guionista), los Lennon y McCartney del cine español; y segunda obra maestra. Si lo que caracteriza a los personajes de Azcona es su incapacidad para decir “no” (a la esposa, a la familia, a la sociedad), ninguno es tan perfecto como José Luis, interpretado por el italiano Nino Manfredi, que se pasa todo el filme luchando por un imposible: no sustituir a su suegro (genial, como siempre, Pepe Isbert) como verdugo oficial del franquismo.

Fíjate en… El vergel que era la Bahía de Palma de Mallorca antes de que la pandemia turística arrasara con todo el frente marítimo. Sniff, sniff…

Alberto Closas y al fondo Lucía Bosé en una escena de la perturbadora ‘Muerte de un ciclista’.

– ‘Muerte de un ciclista’, de Juan Antonio Bardem (1955)

De qué hablamos. De uno de los primeros intentos de vertebrar un cine antifranquista.

Por qué es una obra maestra. Como aquí se mataba y se siguió matando a los disidentes, solo se podía hablar mal de la dictadura metafóricamente. Así, bajo la apariencia de una típica historia de infidelidades (Lucía Bosé, infelizmente casada con Otelo Tosso, se cita con Alberto Closas), se encierra una crítica contra la doble moral del franquismo, firmada por un miembro del PCE en la clandestinidad como Juan Antonio Bardem. Embriagados por el amor, Closas y Bosé se llevan por delante a un ciclista provocando su muerte y una tremebunda crisis de conciencia en Closas. A través de él, se despliega una podredumbre franquista que va de la mezquindad de la Iglesia a la falta de humanidad de la clase dirigente, pasando por la corrupción de las instituciones. Por cierto, curioso que una de las cosas que se critique a ese franquismo sea que regalaba títulos universitarios. Para reflexionar.

Fíjate en… El campus de la Complutense, antes de que se convirtiera en el epicentro del botellón nacional.

Una de las osadas escenas de ‘El diputado’.

– ‘El diputado’, de Eloy de la Iglesia (1978)

De qué hablamos. Una versión gay de Pigmalión durante la España de la Transición. Un diputado de izquierdas, interpretado por Pepe Sacristán, inicia una relación con un chapero. Sexo, drogas y chantajes políticos.

Por qué es una obra maestra. Cuando la democracia española apenas volvía a balbucear y estaba a las puertas de las primeras elecciones, Eloy de la Iglesia vino a recordarnos que su gran enemiga era la hipocresía disfrazada de populismo. Lo hizo con una historia a la que le tenía mucho apego: como Pepe Sacristán en el filme, él también militó en el Partido Comunista y, como él, también sufrió el desprecio de sus camaradas por su homosexualidad.

Fíjate en… Un jovencísimo José Luis Alonso en el papel del chapero. Cuentan que, para convencer a los padres, se les presentó un guion en el que no figuraban las escenas más escabrosas. Al salir del estreno, horrorizados, decidieron que su hijo estudiaría ingeniería. No les hizo caso.

Andrés Pajares se reivindicó y Carmen Maura se consolidó. Una de las muchas cosas que pasó con el estreno de ‘¡Ay, Carmela!’.

– ‘¡Ay, Carmela!’, de Carlos Saura (1990)

De qué hablamos. De una de las adaptaciones más brillantes de la historia del cine español. Solo Carlos Saura podía convertir en cine la obra de teatro de uno de los grandes dramaturgos contemporáneos, José Sanchís Sinisterra.

Por qué es una obra maestra. Arrasó en los Goya con lo nunca visto: ¡trece cabezones! Y bien merecidos que los tenía. Una compañía ambulante de teatro, formada por tres fracasados natos, debe conseguir hacer su trabajo de provocar la risa en el contexto más difícil posible: la Guerra Civil. Pocos filmes han conseguido alcanzar el nivel de ternura que desprende la historia de Carmela, Paulino y Gustavete. Un homenaje a los perdedores de la guerra, pero también al oficio de actor; o, mejor dicho, al orgullo de ser titiritero.

Fíjate en… La película recuperó a Andrés Pajares para el estrellato, demostrando que era mucho más que el rijoso compañero de aventuras sexuales de Fernando Esteso.

Penélope Cruz y Javier Bardem, pareja (por aquel entonces solo en la ficción) en ‘Jamón, jamón’.

– ‘Jamón, jamón’, de Bigas Luna (1992)

De qué hablamos. La primera entrega de lo que Bigas Luna denominó como su “trilogía ibérica”. Un triángulo amoroso que acaba en tragedia entre un pijo (Jordi Mollà), un pícaro (Javier Bardem) y una bella inocente (Penélope Cruz).

Por qué es una obra maestra. La película consiguió convertir a Javier Bardem y Penélope Cruz en dos estrellas… que acabarían ganando sendos Oscar. ¡Poca broma! Pero, además, pocas veces se ha condensado con tanto acierto y creatividad la iconografía española para hacer algo tan radicalmente moderno: los toros, los cerdos, el ajo, las dos Españas, los duelos a garrotazos de Goya… Y lo hizo en 1992, justo cuando España se vestía de domingo ante el resto del planeta, disfrazada de algo que no era.

Fíjate en: A pesar de sus memorables diálogos (“¡Eres un cerdo!” “¡Y tú una jamona!”) y de la inolvidable escena de sexo bajo los testículos del toro de Osborne, la relación entre Javier Bardem y Penélope Cruz durante el rodaje distó mucho de ser amigable. ¡Cómo cambió el cuento!

‘Amanece que no es poco’: costumbrismo, transgresión, surrealismo… Cuánta sabiduría hay en esta película y cuánto nos reímos siempre que la vemos.

– ‘Amanece, que no es poco’, de José Luis Cuerda (1989)

De qué hablamos. La obra cumbre del humor manchego. Las sagradas escrituras para los chanantes (y alguna Vieja del Visillo) que vinieron después.

Por qué es una obra maestra. José Luis Cuerda mezcla el costumbrismo más rancio con el surrealismo más transgresor para demostrar lo absurdo de nuestra existencia y lo fingido de nuestras relaciones sociales. Partiendo de los personajes completamente estereotipados (la prostituta del pueblo, la solterona, el sacerdote, el mesonero, el alcalde), les otorga características insólitas, como una pasmosa capacidad para el debate intelectual, al tiempo que los sitúa en acciones todavía más ingeniosas (como el hombre que brota de un bancal).

Fíjate en… Sus deliciosos diálogos, y muy especialmente el de un José Sazatornil en traje de Guardia Civil que divaga sobre la “verdadera devoción” que se siente en el pueblo por Faulkner. Los devotos del filme –autodenominados “amanecistas”– se los saben todos de memoria.

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